Despachos desde el Oeste

No la primera, no la ultima en ocupar una Iglesia como medida de emergencia, una salvadorena emerge con otro ejemplo en el arte eluditorio: renunciar a su nacionalidad de origen.

Omar Ruiz-Diaz | Vancouver – Agosto se desliza lentamente tras los vitrales del espacio sagrado. Esperanza Rivera Vaquerano (31) echa de menos un paseo por la Commercial. Afuera, la imaginaria camioneta azul de los agentes de Inmigraciones –con artilugios de espionaje-, espera. “Me dijeron que, según las leyes de inmigraciones, cuando una persona no tiene status en El Salvador, sera arrestada.”

A mediados de Mayo y, tras inspeccionar los casos anteriores, Rivera Vaquerano instalo sus expectativas al interior de la Iglesia Pentecostal Emmanuel. El pastor Paul Vincent Reynolds –quien se encarga de su grey en la localidad de New Westminster, recostada al Rio Fraser- acepto incondicionalmente a su inesperada huésped. Tal fue la comodidad experimentada por la salvadorena, que pronto ya estaba preparando su te de eucaliptos en la cocina de la sacristía.

Su decisión de ocupar un templo –contemplando la posibilidad de saltar a la palestra- es el resultado del agotamiento de todos sus recursos. Con nada que perder, repite la hazana de otros que si han logrado algo con este metodo. Total, sus chances legales de conseguir residencia en Canada son nulas.

Rivera Vaquerano clamo refugio al ingresar al pais, hace cinco anos. Su alegato de persecución politica de grupos “progubernamentales”, quienes creian que su familia apoyo a los guerrilleros durante la guerra civil, era una historia que cabia ponerla en tela de juicio.

Anos de soportar amenazas y asaltos hasta mediados de los ’90, aun cuando la guerra termino en 1992. Su decisión de abandonar El Salvador ocurrio cuando un pariente le relato que su primo habia sido victima de una emboscada seguido de “machetazos” en 1996.

La Oficina de Refugiados resto credibilidad a su versión en 2001, citando la falta de evidencia de que ella seria objeto de persecución a su vuelta. Ya estaba por ser deportada a principios del 2002, cuando Rivera Vaquerano renuncio a su ciudadania salvadorena, creyendo que esta medida iba a prevenir su translado de regreso a America Central.

Justamente, uno de sus argumentos es la carta fechada en 2005 de parte de Roberto Meza, cónsul general salvadoreno en Vancouver: “Es posible que ella no pueda entrar libremente a El Salvador ahora… (y) no tendra el derecho a residente permanente con solo retornar a territorio de El Salvador”

La Agencia Canadiense del Servicio de Fronteras (CBSA, por sus siglas en Ingles) hizo otro esfuerzo en deportarla en Mayo del presente ano, cuando ella se hizo a un lado, estiro el cuerpo y se metio en el santuario.

Janis Fergusson, portavoz local de la CBSA indico que su “aparente falta de nacionalidad no es el tema. La podriamos remover aunque ella haya renunciado su nacionalidad. Nuestra opinión legal es consistente, y si estan dispuesto a recibirla, pues ella tendra que acogerse a la circunstancia”.

Angela Battiston, agente de Ciudadania e Inmigración Canada dijo que la deportación se llevara adelante, que la agencia acordo con El Salvador su recibimiento. “Su orden de deportación requiere que ella sea aceptada legalmente en su pais de origen. Ella puede retornar, ya que su renuncia voluntaria puede ser revertida”

Pero Rivera Vaquerano dice que no quiere recuperar su nacionalidad o retornar a El Salvador por temor a una persecución, no ya por su pasada situación familiar sino, mas aun, por “avergonzar al gobierno de El Salvador con motivo de mi renuncia”.

“Ellos (Ciudadania e Inmigración) dicen que puedo recuperarla y retornar, pero la razon de mi renuncia es el temor de regresar”. Me arrestaran hasta que yo firme todos los papeles”, anade.

El pastor Paul Reynolds de la Iglesia Pentecostal Emmanuel, quien ya dio cobijo a otras dos familias en el pasado, dijo que Rivera Vaquerano es una candidata a “soportar esta intimidación, incluso a ser silenciada. No creo que nuestra Iglesia este dispuesta a aceptar que le manden de regreso a su pais contra su voluntad”.

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Esperanza Rivera Vaquerazo no es la unica persona en un santuario en Columbia Britanica. Amir Kazemian (40) vive en la Iglesia Anglicana de St. Michael desde Junio del ano pasado. Espera que el Ministro de Inmigración, Joe Volpe le responda positivamente, es decir, que le permita permanecer en este pais.

Volpe ha dejado que otros cuatro permanezcan en el pais, tras sendas ocupaciones a santuarios, algo que Kazemian toma como una esperanza. Pero después de 14 meses, nada de nada. “Yo fui el ultimo caso de unos cinco, en general. Sigo aquí”, dice sin resignarse.

La aplicación de Kazemian fue denegada. Su historia de persecución por convertirse al Cristianismo fue considerada “no creible”. Kazemian dijo que fue torturado en prisiones iraníes en 1984. “Estuve en coma por nueve dias”, dice.