La seguia -siempre la seguire- entre piedras y humedad. Tan cerca que su aroma y sudor era mi soga al cuello. En las estaciones, sus ojos succionaba los mios. Gotas de salmuera en su frente. Entonces volviamos al ascenso. En la cima, los helicopteros de la media y los del rescate seguian buscando al desaparecido. De pronto la ventana del bosque, mar y cielo plomizo entra en nuestra habitacion. Ella es puro presente. El atajo del manana no existe. Se supone que debo darle masaje en la bajaespalda este martes. Se supone...